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viernes, 26 de julio de 2013

¿Y si Dios no fuera invisible?

Siempre he criticado la idea de que un Dios (antropomorfo) se encuentre en todas partes, en estado de constante vigilancia para castigar a la gente. Sería algo totalmente estresante para él y para nosotros, a parte de que, psicológicamente, nos volveríamos paranoicos (sin contar la violación de nuestro derecho a la intimidad).

Tan solo es otro mecanismo para acelerar y controlar el miedo (emoción elemental que usamos más de lo que creemos) y, así, hacernos más dependiente del líder y esto no tiene nada de cristiano.

domingo, 14 de abril de 2013

Estúpidez religiosa, bueno son humanos.

Todos tenemos problemas, vacíos y situaciones incompletas e incómodas en nuestras vidas. Pero, aceptémoslas son parte de nuestras experiencias que nos hacen únicos y más fuertes, al superarlas. No es necesario poner nuestra vida en función de lo que diga algún "líder" ya que suelen usar el miedo psicológico para estar bajo su control. Usa tu mente y tus conocimientos, que son propiamente tuyos, y no permitas que estos pendejos religiosos usen a Dios para sus propósitos, ya que vas a contribuir al crecimiento de la ignorancia, que es lo que menos necesitamos. Piensa, vive, siente y no les creas sus locuras.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Creo en Dios. No en la mentira de la religión.



Hay un tema que me interesa mucho y que mis alumnos me pidieron que trate: las religiones y Dios. Siguiendo el pensamiento de Foucault sobre el poder pastoral, observo en las relaciones establecidas entre el líder religioso (cura, pastor, etc.) y sus fieles, el fortalecimiento de la depedencia y dominación de los primeros sobre los otros. Esto corresponde a un proceso que se ha dado, según los datos encontrados, desde que aparecimos como especie en la tierra, es algo demasiado humano (también visto en las relaciones cientificas, politicas, sociales) y no tiene nada de "espiritual" o "trascendental" como se pretende mostrar: La lucha por tener poder.

Así las religiones se vuelven en uno de los tantos mecanismos de represión contra la libertad individual, la autonomía y el desarrollo humano; otorgando poder (y dinero) a unas cuantas personas astutas que aprovechándose de las normales carencias existenciales que tiene el ser humano durante su vida y de nuestra innata capacidad cerebral para creer, deforman nuestro espíritu creativo y responsable por nuestros actos y no hay protesis que pueda sustituir parte alguna de un espíritu mutilado. A pesar que, en muchos casos, han sido la vía para que drogadictos o alcohólicos alcancen la paz interior o un mejor rumbo en sus vidas; lo que ocasiona, en el tiempo, es cambiar esa dependencia por otra, la que es impuesta sus líderes religiosos.

Ahora, si bien el hecho de que las religiones se hayan vuelto un mecanismo pendenciero de poder y de hegemonía, como diría Gramsci, que se ha instaurado sutílmente en nuestra sociedad desde la infancia para una mejor subordinación y control; esto no implica que Dios no exista o que sea malo. Si bien no afirmo su existencia, creo en él. Porque una cosa es afirmar que algo existe (proposición limitada por nuestros sentidos y la tecnología actual) y otra afirmar que crees en algo (proposición indemostrable que pertenece a nuestra intuición). Son dimensiones distintas que posee nuestro cerebro humano.

Mi Dios no es el de los cristianos ni el de los musulmanes, no juzga los actos humanos, no te está vigilando todo el tiempo, no quiere que lo adores todos los dias no es celoso, ni te castigará eternamente. Es el Dios de Spinoza, de Einstein, de Voltaire. Aquel que nos une en el Uno, en el Todo (con los animales, con la naturaleza, con el universo) que no separa a las personas, ni fomenta el odio entre ellas; sino las une en armonía mediante las leyes del cosmos y lo impredecible del caos. Aquel que se presenta ocasionalmente en la historia de nuestras vidas y de la humanidad, como una luz intensa saliendo de las aberturas de nuestra pared resquebrajada llamada realidad. Ese es mi Dios y por él iniciaré esta cruzada antireligiosa.