A los politicos ¨honestos¨, a los periodistas ¨creíbles¨, a los taxistas¨filosofos¨, a la iglesia ¨moralista¨, a los profesores ¨capacitados¨ y a nuestro Estado ¨inteligente¨ siempre se le ha escuchado comentar, con mucha ligereza y de forma casi automática, la siguiente frase: el futuro de nuestro país, depende de los niños y de los jóvenes de ahora. Lo peor, es que están convencidos que han encontrando las mejores ¿soluciones? a nuestros problemas e inquietudes; olvidandosé, al mismo tiempo, de un pequeño e importantísimo detalle: escucharnos, consultarnos y promover el debate sobre nuestras expectativas, propuestas y anhelos que poseemos para nuestro país, dentro de un real contexto nacional y mundial. Aunque me convenzo, cada vez más, que no se trata de una cuestión de olvido; sino de desinterés e incapacidad para ofrecernos un futuro mejor, lo cual se refleja en nuestro bajo nivel educativo, falta de anhelos y ambiciones y en la pendejada de nuestros gobernantes(desde el nivel escolar al nivel estatal).
El actual Consejo Nacional de la Juventud, institución buena en la teoría, pero imperceptible en la práctica, solo constituye un espacio efímero para el desarrollo juvenil nacional, ya que, no tiene una participación y difusión masiva dentro de las instituciones educativas, repletas de jóvenes sin esperanza para el futuro. También, es increíble que, en plena ¨era de las telecomunicaciones¨, los colegios, las universidades ó el mismo Conaju no tengan un canal de television abierta, un espacio en la radio de forma gratuita ó una pagina de internet adecuada, en la cual, se puedan discutir y encontrar soluciones respecto a los diversos temas que nos afectan (o deberían afectar), contando con la participación masiva de alumnos e instituciones educativas de diversas tendencias (sociales, políticas y religiosas), para una mejor comprensión, de lo hetereogéneo y de las diferencias que existen entre nosotros. Esto serviría, como punto de partida, para un nuestro auténtico desarrollo nacional impulsada por los jóvenes. Este aspecto debería ser una política educativa prioritaria del Ministerio de Educación); ya que, es conocida la influencia que tienen los medios de comunicación en los jóvenes.
Si bien, creo que las raíces del problema peruano se originan en la pobreza espiritual de nuestros compatriotas y en la ineficacia del actual sistema económico neoliberal. El espíritu de cambio no solo puede quedarse en quejas, lamentos y palabras; sino en acción responsable, concreta y real; encontrando, en este espacio, un lugar para expresar ideas y opiniones. Estoy convencido que la comunicación, el acuerdo y la educación nos pueden llevar a desarrollar nuestra capacidad crítica, reflexiva, creativa y solidaria, aplicándolo correctamente en nuestro país. Quien les escribe, no es un gran erudito del saber; ni un pastor que pretende que todos le sigan, solo creo que todos los jóvenes tenemos el derecho y la obligación de hacer sentir nuestra nuestra voz, a pesar de no contar con la ayuda necesaria. De esta manera, no seremos una juventud sin metas, conformistas, sumisas, pesimistas y sin espíritu de cambio (eclipsados); pasando por la historia, de forma desapercibida, sin despertar de nuestro letargo e indiferencia, miembros de la ¨cultura basura¨.
Este país conocido por muchos, como ¨el pobre sentado en un banco de oro¨ nos invita a conocerlo, quererlo, valorarlo y mejorarlo; así que debemos centrar nuestra fuerza e ímpetu juvenil en hacerlo desde cualquier profesión o lugar en que nos encontremos. Con voluntad, esperanza y convencimiento, de que cada joven puede trascender mas allá de su espacio natural; tenemos, realmente, mucho por aprender, por vivir y por hacer.
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