domingo, 7 de julio de 2013

Corazon delator

Creo que Sócrates tenía razón. El que más sufre es el que comete el mal y no él que lo recibe. No soporté la mirada de esa persona con su ojo enfermo. La desconfianza me abrumaba. Decidí matarlo y lo escondí en el hueco del piso de madera.

La policía llegó, me están interrogando. Acabarón. Parece que no se dieron cuenta del cadaver ¿Es que acaso no pueden escuchar su corazón? Late y late, cada vez más fuerte, que mis oídos ya no aguantan. ¿Será que me estoy volviendo loco? ¡Déjame en paz, látido ínfame! Ya deja de sonar. ¡Basta! No aguanto. Yo lo hice.

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