¿Por qué el buen sexo, generalmente, va desapareciendo con el tiempo? ¿Cómo se relacionan el amor y el deseo? ¿Cómo ambas entran en conflicto?
Si hay una palabra, que acompaña al amor es “tener” y si hay una que acompañe al deseo, es “querer”. En el amor, conocemos lo amado (en algún grado), minimizamos la distancia, reducimos las brechas y neutralizamos las tensiones. Pero cuando deseamos, no buscamos volver a los sitios en los que ya hemos estado ni los resultados previsibles, ya que ocasionan poco interés. Al desear, queremos algo que no es nuestro, alguien no tan conocido, al que podamos ir a ver y pasar solo un breve tiempo. Al desear, queremos y necesitamos un puente para cruzar. Así, el fuego necesita aire, como el deseo necesita espacio.
Ahora, al preguntar: ¿En qué momento encuentran más deseable (no solo sexualmente) a su pareja? Un primer grupo decía: Cuando se va, está lejos o al momento de reunirnos; sobretodo, cuando uno se la imagina, rebuscándola en la ausencia y el anhelo (los mayores componente del deseo). Un segundo grupo decía: Cuando la veo en escena, haciendo algo que le apasiona y se le ve radiante, autosuficiente y segura. Así, esa persona tan familiar se vuelve misteriosa otra vez, aunque sea un momento, y en ese espacio entre yo y el otro (el movimiento hacia él) se encuentra el impulso erótico; porque, el misterio no siempre es viajar a nuevos sitios, sino verlos con nuevos ojos. Al ver al otro diferente o distante, se tiene otra percepción y se está dispuesto a ser impresionado. Lo más interesante, es que se puede deducir que no hay necesidad y cuidado en el deseo, ya que lo muy amoroso es un fuerte antiafrodisíaco. No conozco persona excitada por alguien que lo necesita, otra cosa es quererlos y las mujeres, sobretodo, saben que lo planificado disminuye lo erótico.
Un tercer grupo decía: Me siento más atraído, básicamente, cuando hay novedad, algo como ¿Qué partes mostrarás ahora? Porque de alguna forma, el sexo no es algo que uno hace, sino un lugar al que uno va, entrando en sí mismo acompañado del otro. Por tanto ¿Qué buscamos expresar en él? ¿Es un lugar para la unión espiritual, para la travesura o para ser agresivo con seguridad? ¿Es un lugar donde puedes rendirte y no asumir la responsabilidad de todo o donde puedes manifestar tus deseos infantiles? Así, el sexo no es solo un comportamiento, es un lenguaje y es en su poética lo que despierta nuestro interés, de aqui nace el concepto de inteligencia erótica. Los demás animales tienen sexo. Es biología, instinto natural. Los humanos tenemos vida erótica: sexo transformado por nuestra imaginación. Podemos hacer el amor, pasar un momento feliz y tener orgasmos múltiples sin tocar a nadie y viviéndolo como si sucediera.
Así, al tomar al erotismo como una inteligencia, se convierte en algo a cultivar, cuyos ingredientes son: Imaginación (sobretodo), alegría, novedad, curiosidad y misterio. Ahora, para entender a las parejas con chispa erótica hay que navegar por su origen en la mente. Luego de un gran problema, "el que no muere" vive muy atado, no tiene placer ni confianza; porque al estar atento, ansioso, preocupado e inseguro no se puede despegar de manera segura e imaginativa. En cambio, "los que vuelven a la vida" entienden lo erótico, como un remedio contra la muerte. Por lo que, al escuchar a parejas decir: "quiero más sexo", se refieren a mejor sexo, reconectándose con la cualidad de estar vivo, de renovación, de energía que el sexo solía darles.
Cuando un grupo completó la frase: “Me apagas el deseo cuando…” respondían: “cuando no me gusta mi cuerpo, cuando me siento viejo, cuando lo hago mal en el trabajo o cuando siento baja autoestima”; pero al formular la pregunta inversa: “Me excito cuando…” se encontró todo tipo de respuesta. Bueno, la mayoría cree que la excitación esta fuera, pero si estás muerto por dentro, la otra persona puede hacer de todo y no pasará nada. Entonces podemos afirmar que uno se excita al dirigir sus deseos. Ahora, en esta paradoja entre el amor y el deseo, lo desconcertante es que los ingredientes que alimentan el amor (protección, reciprocidad, preocupación y responsabilidad por el otro) son los mismos que sofocan el deseo, porque este llega con celos, agresión, poder, dominación, malicia y travesura.
La mente erótica no es muy correcta políticamente, en ella se dan muchas cosas que nos confunden al momento de tratar a la persona que amamos. El amor viene con abnegación, mientras el deseo, con egoísmo y ambas necesitan conciliarse. Son nuestra necesidad de conexión y separación, de seguridad y aventura, de dependencia y autonomía. Como aquel niño (seguro y cómodo) que en algún momento saldrá al mundo, curiosamente, a descubrir y explorar (las tres características son los principios del deseo). Así, experimentan conexión y separación al mismo tiempo; ya que pueden ir, disfrutando alegremente, con la seguridad de que habrá alguien al regresar.
Pero si alguien manifiesta: “Estoy ansioso y deprimido. Mi pareja no cuida de mí ¿Qué habrá tan bueno allá afuera? ¿Acaso no tenemos todo lo que necesitamos?”, entonces aparecerá un primer niño que renuncia a una parte de sí, para no perder la otra. Es algo como: perderé mi libertad para no perder la conexión y aprenderé a amar con preocupación, responsabilidad y protección, aunque no sé cómo hacer para experimentar placer mutuamente. También, puede aparecer un segundo niño con la expresión: “¿Vas a enojarte, maldecirme o regañarme?” Estas personas recuerdan que, al principio, el otro era super caliente; debido a que la intimidad no era aún tan fuerte como para disminuir el deseo (al estar más conectado, hay más responsabilidad y menor capacidad de erotismo). Entonces, por un lado se necesita seguridad para erotizar y por otro, si no tienes placer, no tienes un orgasmo o no te excitas es por desperdiciar tu tiempo en el cuerpo y la cabeza del otro y no en el tuyo.
En este dilema reconciliador de ambas necesidades, hay situaciones que permiten entender a las parejas eróticas. Por ejemplo, tienen mucha intimidad sexual porque comprenden que hay un espacio erótico que pertenece a cada uno. Entienden que la estimulación erótica no se inicia cinco minutos antes del acto; sino, al final del anterior orgasmo. Entienden que el espacio erótico no es empezar a tocar al otro, sino abandonar la cotidianidad, olvidando al buen ciudadano cuidadoso y responsable (responsabilidad y deseo no combinan bien). También entienden que la pasión viene y va, pero siempre saben cómo resucitarla y esto porque han desmitificado lo de la espontaneidad, entendiendo que todo sucederá, de manera inteligente, en una relación de largo plazo.

1 comentario:
MUY INTERESANTE TU ARTICULO..BUENO YO SOY MUJER Y ME GUSTA DOMINAR EN LA INTIMIDAD HAGO DEL ENTE ACTIVOO...TOMO EL CONTROL DE TODO Y LUEGO LO PROTEJO....ME GUSTA SABER QUE ES LO QUE PIENSA ...PARA ENTENDERLO MEJOR ....EL SEXO .NO ES TABUU
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