domingo, 11 de noviembre de 2007

EL SOCIALISMO DEL FUTURO

Tiempo atrás, en un debate político, un amigo acudió a un argumento en el que los demás no habíamos reparado: ¿Alguna vez han escuchado a Fidel Castro (a pesar que lo critico mucho) joder a la izquierda? Él nada más critica a la derecha. Ademas prefiere términos como patriota, pueblo y otros parecidos. Raras veces acude a los conceptos de la jerga sectaria. Fidel sabe que las palabras unen”. Desde entonces, siempre que puedo, al reflexionar sobre la unidad, acudo a la naturaleza integradora de las categorías de patriota e humanitario. la categoría de revolucionario clasista desune y las cosas se complican cuando ser materialista o idealista, creyente o ateo, marxista o no, más que diferencia, significa confrontación.

En los años noventa, la caída de la Unión Soviética generaba enormes tensiones morales en los militantes que asistían a la caída de referentes teóricos y de paradigmas ideológicos. Para quienes asumieron que las ideas de Carlos Marx, en economía, no habían muerto, como no mueren las de Pinker, Chomsky, Newton o Einstein porque la ciencia carece de colores; toda la izquierda es de algún modo libertaria y todos los libertarios son, de alguna manera, marxistas en el sentido de encontrar alternativas económicas al actual sistema. La tesis es fácilmente verificable, dado que el pasado marxista de la socialdemocracia y del movimiento socialcristiano está bien documentado. Todos los socialistas, reformistas o radicales, le deben algo a Marx, como también, le deben a Adam Smith y a Keynes. Los sociólogos y economistas de cualquier corriente son naturalmente una combinación de socialistas y liberales. No es inconsecuencia, es dialéctica.

La Iglesia también bebió de las fuentes del socialismo, como lo hizo Marx de las enseñanzas de todos los grandes sistemas teológicos. León XIII, sociológicamente hablando, el más interesante de los Papas y el único que fue contemporáneo con Marx, sacudió la costra medieval de la Iglesia, dio organicidad a la doctrina social del catolicismo, organizó a los laicos e impulsó las organizaciones políticas, obreras y estudiantiles de inspiración cristiana y permitió la creación de los partidos socialcristianos. La encíclica «Rerum Novarum», es a la teología lo que «El Capital» es a la Economía; una visión muy innovadora de la realidad. La oposición entre marxistas y socialistas, es un fenómeno del siglo XX, un asunto lamentable más que un triunfo político, un proceso derivado de las posiciones políticas más que de las preferencias doctrinarias.

La única tarea organizativa ligada a la política emprendida por Marx y a la que dedicó alrededor de cinco años, fue el más plural, diverso y coherente de los proyectos internacionales formulados por los socialistas: la Organización Internacional de Trabajadores, proceso que encabezó y al que sumó a importantes representantes de la intelectualidad de la época, identificados por la crítica a la despiadada explotación del capitalismo de ese entonces. En esa época, cuando los partidos políticos y los sindicatos daban los primeros pasos y la teoría revolucionaria que se gestaba por medio del debate intenso, fecundo y plural y que en lugar de separar, unía; Marx fue uno de los catalizadores de aquel proyecto unitario. En 1789 en Paris se creó la II Internacional, que no era ya una organización obrera, sino política y que no pudo evadir los avatares de esa condición.

La actitud ante la Primera Guerra Mundial marcó la diferencia y con el triunfo bolchevique, el auge de la contrarrevolución, la agresión extranjera y la falta de solidaridad de los partidos socialdemócratas europeos, las diferencias entre socialistas y comunistas, se volvieron insalvables. La radicalización de la Revolución Rusa, las deformaciones del stalinismo, las tensiones de la lucha antifascista y las diferencias acerca de cómo proceder en los países de Europa Oriental, crearon un abismo que duró hasta la desaparición de la Unión Soviética.

El trauma que en la izquierda provocó la derrota del modelo socialista eurosoviético, el auge del neoliberalismo y la pretensión de los países imperiales encabezados por Estados Unidos, que intenta aprovechar la globalización, relanza la idea de un movimiento de izquierda plural, que avance con la riqueza y la diversidad que sale de los diferentes enfoques y proyectos nacionales para confluir en una zona común, donde se confronte con la hegemonía del imperialismo económico y sus nefastas consecuencias. Tal vez de la mano de nuevos liderazgos sin compromisos doctrinarios ni pasado sectario, comprometidos con la lucha por el desarrollo y contra la pobreza, la exclusión y el sometimiento se pueda transitar hacía una nueva etapa.

Es probable que de Chávez, Correa, Evo, incluso Lula y hasta la pareja que gobierna en Argentina, venga una unidad que no es necesariamente orgánica ni ideológica, sino programática y que permitiría, construir una plataforma de ancha base en la que caben todos los que creen que un mundo mejor es posible. Relanzar el socialismo libertario y proyectarlo en el siglo XXI significa asumirlo como un camino y no como un destino. No se trata a donde se llega, sino hacía donde se avanza. Amarnos ─, decía el poeta ─ no es mirarnos unos a otros, sino mirar en la misma dirección.”

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