Con sus naturales defectos, al plantearse un socialismo para el siglo XXI, Chávez sintoniza las tareas inmediatas de la Revolución Bolivariana con una estrategia de largo alcance (a pesar de sus incoherencias diplomáticas). Los ecuatorianos hacen lo mismo con su Revolución Ciudadana y en Bolivia se libra una batalla que al movilizar las potencialidades de los pueblos originarios, puede trascender el poder político inmediato e incluso sus fronteras, si es bien llevado. En realidad, no podía ser de otra manera. El inmovilismo disfrazado de estabilidad es la opción conservadora que sostiene a la oligarquía latinoamericana; así que los representantes "populares" no tienen otra opción que proyectarse.
Al menos en el sentido ideológico y político, el pasado es solo un referente, no un paradigma; un legado no un programa. En tiempos de Marx, también existía un pasado socialista que formó parte de su herencia cultural y que lo inspiró, pero no podía servirle de modelo; ya que, examinando el cambio en la sociedad francesa, se dio cuenta que: La revolución social no puede sacar su poesía del pasado. El fondo de la problemática actual es que la lucha contra la pobreza y el bienestar de la gente (en América Latina incluye la eliminación del subdesarrollo y el fin de la dependencia) implica la adopción de un modelo de progreso global que sume a las "mayorías" y movilice los principales recursos del país, nos lleva a tomar en cuenta enfoques socialistas.
Una ambición de tal naturaleza, incluye la democratización de sociedades hasta ahora regidas por Estados esencialmente autoritarios y gobernadas mediante sistemas políticos controlados por oligarquías y burguesías nativas, dependientes de capital transnacional y políticamente sometidas a la hegemonía norteamericana (este es el discurso que escuchamos por nuestros profesores desde el colegio). Para alcanzar ese cometido no basta con sustituir gobernantes e intentar hacer que las instituciones tradicionales funcionen con criterios nuevos.
Los líderes que promueven el cambio en América Latina, deben estar en el camino de hilvanar un discurso político honesto y popular, con flexibilidad y capacidad de convocatoria como para atraer a la parte de la población que dominados por temores y prejuicios, temen al cambio y lograr un consenso nacional. De ese modo podrán paralizar y desarmar la contrarrevolución interna, neutralizar el poder mediático, lidiar con las autoridades judiciales y electorales y sumar a sectores que en el pasado fueron sostén de nuestras oligarquías, como son las fuerzas armadas, la policía y la burocracia estatal, sin descuidar al sector académico, así como la jerarquía eclesiástica.
La revolución latinoamericana no necesita contraer compromisos doctrinarios ni colorearse políticamente pues de lo que se trata es de un empeño por modernizar y democratizar sus sociedades y poner fin al elitismo en la política, dejando definitivamente atrás la exclusión de las mayorías. El socialismo eurosoviético fue un proyecto en cuyo enfrentamiento con el imperialismo y las oligarquías; se valió de tácticas psicológicas y manipulación mental, exacerbando las pasiones y creando prejuicios que fueron incorporados a la cultura y a las estructuras ideológicas de las sociedades contemporáneas.
Al proyectarse hacía el futuro y buscar, en las ideas socialistas más originales, los argumentos y las herramientas para formular programas políticos avanzados, los actuales gobiernos latinoamericanos deben evidenciar talento y madurez. El conocimiento de la fallida experiencia del "Socialismo Real", con la cual los actuales liderazgos no tuvieron relación ni compromiso alguno es parte del difícil aprendizaje, imprescindible para acometer con ópticas propias y métodos actualizados las transformaciones estructurales que se requieren para construir, desde la realidad actual, sociedades modernas, progresistas y con mayor grado de justicia.
Han pasado 8 años que escribí esto y admito lo ingenuo que fui. El Socialismo del siglo 21, lo único que ha conseguido es cambiar la oligarquía comerciante por una oligarquía populista y, en algunos casos, dictatorial. Las libertades fueron cada vez más restringidas, el monstruo burocrático fue absorbiendo las sociedades, el manejo presupuestal ineficiente y derrochador los ha conducido a niveles altos de inseguridad y pobreza; haciendo que su modelo "socialista" conviva con el mercantilista (de favores y clientelas políticas) que tanto criticaban, pero al cual apelan para solucionar su economía. ¿Será que el socialismo lleva en su interior su propio fracaso porque se opone a la libertad y a la responsabilidad? Creo que por ahí está la respuesta.
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