Después de caminar tanto tiempo cerca del fuego, te empiezas a preguntar si es que vale la pena seguir luchando por aquella obstinación que, con el paso del tiempo, ha empezado a mostrarte que existe el desaliento y la abrumación. El dolor que trae el no haberte salido las cosas como lo has deseado viene de la mano con el orgullo herido y ambos tienen el sobrepeso necesario para llegar a inmovilizar tu espíritu.
Solo quieres un lugar para esconderte de ti mismo, un escape para refugiarte de tus propias ruinas. Por la mente pasa la idea de la destrucción, de agarrar un explosivo y volar toda esa dimensión tuya que te hacer perder el sentido del control, cualquier cosa vale si es que llego a encontrar el final de este camino. Sentí que mi mente rompió con mi espíritu y si este sigue vivo, lo hace sobre vidrios rotos.
Pasó el tiempo, lo acepté. Nada ha sido construido para que dure por siempre. Baje los brazos ante la constante obstinación y las levante hacia el cielo con sus infinitos caminos. Se inicia una nueva etapa, solo queda tratar de seguir viviendo por sí mismo; incendiando los rezagos de lo anterior. Tan solo necesito 27 armas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario