miércoles, 24 de abril de 2013

A day in the Strawberry Field

Siempre creí que The Beatles era un grupo bueno, pero sobrevalorado. En esa época habían grandes bandas (The Kinks, Yardbirds, The Who, Rolling Stone, Velvet Underground, Pink Floyd, Beach Boys, The Zombies, The Doors) con mucha más versatilidad e innovación. Lo admito, me deje llevar por la imagen pop de su primera etapa que los medios paran repitiendo y cometí el pecado de no haberlos escuchado en su etapa de rock progresivo. Con estas dos canciones (y con I am the walrus y Tomorrow never knows) me abrieron la mente y creo que ahora sí hay motivos claros para que esten entre los más grandes del rock.

Todos tenemos un Strawberry Field, aquel refugio que tenemos al dudar respecto a la vida y a lo difícil que es hacerse un hueco en el mundo sin perderse a uno mismo al intentar encajar. Aquel lugar que la mente inconsciente nos trae de nuestra inocente infancia donde es fácil vivir con los ojos cerrados, sin comprender nada de lo que ves.


La genialidad de hacer que dos canciones diferentes se confundan en una melodía excepcional ya dice bastante. Lennon aprendió en la India que la muerte significa alcanzar la meta de todo ser humano, comprendiendo la tristeza, pero sin llegar a catástrofizar lo natural. Luego, aparece Mccartney, en retrospectiva, realzando lo cotidiano de vivir y mostrando que el LSD es un buen sostén para la creatividad.

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