viernes, 7 de septiembre de 2012

Marca semi - Perú


Recuerdo a Vargas LLosa en la ciudad y los perros. Muchas de las lacras (autoritarismo, violencia, abuso, represión sexual) que presentó, en ese libro, siguen carcomiendo nuestra convivencia. Pero, no podemos negar que, también, han crecido los recursos (creatividad, imaginación, humor, solidaridad) que describe en la misma novela. No somos el mismo país de entonces, hemos mejorado, aunque seguimos siendo un territorio complicado de vivir, de gobernar y de querer.

Esto lo podemos notar en las reacciones ambivalentes al reciente video publicitario de la Marca Perú, hecho por Claudia Llosa. La idea es inspiradora, el tono emotivo y la factura impecable. Sin embargo, pese a que son evidentes las razones publicitarias del vídeo, ha ocasionado respuestas diferentes por la asociación con las recientes imágenes de los conflictos en diversas partes del Perú, en particular Cajamarca. Lo cual se agrava por ser el lugar del traumático encuentro entre invasores españoles e incas y los inevitables vínculos con el oro y el rescate.

Así, mientras uno se emociona con ese asunto nostálgico del “años después”, ve la imagen de ese policía en la plaza de Cajamarca, quien responde a una mujer que le pregunta por qué los tratan tan mal: “¡Porque son perros pues conchetumadre!”. Momentos antes había sido detenido, violentamente, Marco Arana por cincuenta policías, repitiendo el estúpido error cometido con el alcalde de Espinar. Si a esto se añaden los muertos en Celendín y Bambamarca, entonces podemos entender que el emotivo video promocional caiga, a muchos peruanos, como pedrada en un ojo tuerto.

Sabemos que está dirigido a extranjeros y que nadie pretende que, en una publicidad, se incluyan imágenes de enfrentamientos, balazos y muerte. De hecho, no hay ningún problema con ese spot. Mejor dicho, no si se le ve separado del contexto actual. El problema es que el estallido de situaciones exasperadas, en donde no hay diálogo, nos divide internamente como peruanos. Así, de un lado tenemos esas tomas bellísimas de un Perú turístico, enfrentadas internamente con ese otro Perú lleno de grietas históricas, en donde un policía trata a los ciudadanos como si fueran perros callejeros, mostrando que el racismo es otra plaga que no se ha ido.

Porque eso manifiesta el ¿agente del orden? al responder de esa forma: perros son los habitantes inferiores. Lo más triste es que ese mismo policía debe sentir que, ante los poderosos del país, él es un perro más. De modo que el odio con que trata y habla es reflejo de ese desprecio del cual se siente víctima. De ahí que la formación de la Policía, tan desatendida, debería ser una de las prioridades. Eso es lo medular de la cuestión: el Gobierno se muestra como un pequeño recipiente para un tsunami de pedidos e impotente ante la complejidad del desafío peruano, que incluye a algunos dirigentes exaltados y policías brutalizados.

Mientras la única manera en que responda sea la de tapar la basura bajo de la alfombra, ignorando la urgencia de nuestro país por desarrollarse una identidad nacional y que lo bueno de nuestra patria, solo se utilice para promover el turismo, va a ser muy difícil que podamos ver proyectos como el de Claudia Llosa sin sentir que se está maquillando lo siniestro. Lo cual es injusto, como injusta se encuentra nuestra sociedad.

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