jueves, 11 de octubre de 2012

Revocatoria: Los pendejos de siempre y la estupidez del pueblo

“La voz del pueblo es la voz de Dios” “El pueblo siempre tiene la razón” "Tenemos la razón porque somos del pueblo". Estas y otras estupideces más, las escucho a cada momento por parte de emotivos y oportunistas demagogos tanto en la universidad como en la televisión. Emotivos porque solo expresan un arranque de ira personal (que no esta mal, pero que no va con el perfil orientador de un líder) y oportunistas porque dan la razón a la mayoría, para ganarse su cariño (votos). Así, han encontrado en la noción de “pueblo” un nuevo Dios a quien referirse, para captar adeptos a sus intereses.

La revocatoria es el ejercicio que tienen los ciudadanos para sacar del poder a una autoridad que han elegido. El argumento de su existencia es: si el espléndido pueblo eligió a una autoridad, también puede desautorizarla; ya que eso es democrático. Ante esto tenemos dos situaciones. Primero, hay muchas formas de ejercer el voto (para elegir o para revocar) que han sido muy estudiadas en su funcionamiento. Segundo, la discusión sobre cuál es viable o superior depende de factores ideológicos, económicos, políticos y culturales. De aquí nos preguntamos: ¿Cuál es el sistema más adecuado en un determinado país? ¿Cuál es más eficaz? ¿Cuál nos hace tener mayor y mejor representación? Y ¿Qué acertado es usarlo en un determinado momento?

Es cierto que los temas relacionados con la democracia directa traen consigo, varios debates académicos rigurosos, pero también permiten la demagogia más primitiva. Muchos han hecho carrera política repitiendo una y otra vez, durante varios años, que es viable en nuestro país y han tenido regular aceptación, sobretodo por parte de una clase política (los llamados caviares, los defensores de los derechos humanos y algunos partidos de izquierda que abogan por la particiación ciudadana) preocupada en el reconocimiento de varios derechos, aunque con poca o nula efectividad, pero que casi siempre se le olvida hablar de los deberes.

Veamos el caso de Suiza, donde el uso de diversos sistemas de democracia directa es muy apreciado y bien utilizado por la mayoría, porque sus características (ser un país pequeño, con culturas casi uniformes, étnicamente parecidos, con buena educación en promedio y alto nivel de vida ) contribuyen para ello. Pero, también el uso de los métodos de democracia directa es uno de los preferidos de los gobiernos dictatoriales y van de la mano con campañas publicitarias costosas y con un control (directo o indirecto) sobre los medios de comunicación. Además se utilizan sobre poblaciones poco educadas, fácilmente influenciables, culturalmente desconocedores de la práctica democrática y de sus implicancias futuras. Estas verdades de la realidad son poco tomadas en cuenta.

La revocatoria, en un país como el nuestro, ha demostrado que potencia nuestra debilidad institucional, nos quebranta políticamente más de lo que estamos, imposibilita el inicio y fortalecimiento de propuestas serias a largo plazo, que tanto necesitamos, y ahuyenta a los más capaces de las tareas públicas. Si bien este mecanismo se estableció en un contexto donde los partidos políticos se derrumbaban, con el clásico discurso antipolítico de los noventa; ahora la revocatoria ha adquirido vida propia, más allá de la voluntad de sus defensores. El Perú es el país que más lo ha utilizado en Sudamérica. En 15 años se han vendido cerca de 16 mil kits electorales de revocatorias; sin embargo, solo han cumplido con las exigencias y han sido admitidas 1.376 solicitudes (menos del 10 por ciento del total). Así mismo, han sido revocados hasta ahora, 210 alcaldes y 847 concejales, menos de la tercera parte de los que se sometieron a las revocatorias.

La mayoría de lugares donde se ha desarrollado la revocatoria, son distritos; muy pocas provincias y ningún departamento o región, porque es difícil conseguir el 25% de firmas del padrón electoral. Por eso, la mayoría de procesos revocatorios se dan en distritos ubicados en la sierra y con pocos electores (5 mil para abajo). Por ejemplo, para el pasado 30 de setiembre, las dos terceras partes de revocatorias se ubicaron en esa región y más de la mitad de esos distritos son pobres o extremadamente pobres. De esta manera, los escenarios de las revocatorias son mayormente distritos, pequeños, andinos y pobres; donde la presencia del Estado es débil y las pocas instituciones que funcionan tratan constantemente de eludir las reglas del juego democrático. Así, los intereses de la sociedad han quedado a merced de grupos locales que se aglomeran en torno a un reducido número de familias o de comunidades (que obviamente priorizan sus intereses).

En la mayor parte de los casos, más allá del legítimo derecho que tienen los ciudadanos, las reales intenciones y finalidades de los organizadores de las revocatorias son otras. La mayoría de ellos han sido candidatos derrotados en las urnas y tratan de revocar a todo el concejo, para que se realicen nuevas elecciones y de nuevo probar suerte ¿Eso no es pendejada? ¿Donde esta el respeto por el ganador? y ¿El tiempo necesario para que pueda acomodar cuentas y planificar sus acciones?. Más aun, esto se ha visto incentivado por las exponencial transferencia de poder a los gobiernos locales y porque, en muchos de estos distritos, se han instalado industrias extractivas; por lo que ingresan jugosos montos de dinero procedentes del canon a las arcas del municipio.

Por eso, la revocatoria se ha mostrado como un mecanismo poco institucionalizado, porque es fruto de un sistema electoral que no consolida al ganador sino que lo debilita (más allá de que algunos revocados sean unos pendejos). Peor aún, el 30 de Setiembre, en los lugares donde el concejo fue revocado, se tendrá uno transitorio, hasta que se realicen nuevas elecciones y posiblemente, a mitad del próximo año, recién tengan nuevas autoridades, para que completen el mandato. Es decir, en cuatro años, tres diferentes alcaldes, que no podrán hacer casi nada, salvo agarrar su tajada de dinero, y donde los perjudicados, serán como siempre, la misma población que, estúpidamente, sigue recolectando firmas y promoviendo una nueva elección (que será pagada por sus propios bolsillos) para que un nuevo oportunista se enriquezca. La voz del pueblo es la voz de Dios. No, el pueblo no es ningún Dios. Somos simplemente y estúpidamente humanos.

No hay comentarios: